Usar frascos y tarros viejos como macetas en el jardín

Ilustración de un paisaje

En muchas cocinas se acumulan frascos y tarros de cristal que ya no se usan para guardar alimentos, pero que siguen en perfecto estado. En lugar de dejarlos olvidados en un armario, pueden convertirse fácilmente en pequeñas macetas para el jardín. Esta idea funciona especialmente bien para plantas pequeñas, hierbas aromáticas o semilleros que necesitan poco espacio. El cambio de uso apenas requiere esfuerzo, solo un poco de imaginación.

Antes de usarlos como macetas, conviene lavar bien los frascos y retirar cualquier etiqueta que haya quedado pegada. Un baño breve en agua tibia suele facilitar mucho este paso. Así, el frasco queda completamente listo para su nueva función en el jardín.

Del armario de cocina al jardín

Para plantas que necesitan buen drenaje, puede colocarse una pequeña capa de piedras en el fondo del frasco antes de añadir la tierra. Esto ayuda a que el agua no se acumule en exceso alrededor de las raíces. Un detalle sencillo que marca una gran diferencia en la salud de la planta.

Los tarros más grandes funcionan bien para plantas algo más desarrolladas, mientras que los más pequeños son perfectos para esquejes o semilleros recién empezados. Agrupar varios frascos de distintos tamaños en un mismo rincón del jardín o de una terraza crea un conjunto visualmente muy agradable. Cada frasco conserva además su propio carácter, distinto de una maceta comprada especialmente para ese fin.

Con el tiempo, estos frascos reutilizados acaban formando parte habitual del jardín, sin que nadie recuerde ya que antes guardaban otra cosa en la cocina. Esta pequeña costumbre reduce lo que se tira y da a objetos cotidianos una función completamente nueva. Un simple frasco de cristal termina así acompañando el crecimiento de una planta durante mucho tiempo.